
coincidente ascenso de negros a la cima politica y deportiva
Obama y el ‘black power’: los genes vs. el factor social
La llegada al poder en los EE.UU. de Barack Obama, los años como influyente secretaria de Estado de Condoleeza Rice, el mejor golfista de todos los tiempos, los corredores más veloces, todos negros, conforman un evento singular a esta altura del desarrollo humano. Para los biólogos, genetistas y antropólogos consultados no hay superioridad genética sino una mezcla de factores, que van desde el desarrollo personal hasta el “ambiente” en el que crecieron. El fin de las “razas”.
Por Martin De Ambrosio /Florencia Ballarino
En términos estrictamente científicos, el futuro presidente norteamericano, Barack Obama, no es de raza negra. Y no porque sea “un blanco que tomó dos horas de sol”, como dijo provocativamente el lingüista Noam Chomsky. Sino porque, simplemente, para la corriente mayoritaria de la biología genética hoy, las razas no existen. Si las razas no existen, tampoco la superioridad racial. Esa es una de las buenas noticias que traen las cada vez más abundantes investigaciones sobre el ADN.
“Desde el punto de vista biológico, no tiene sentido hablar de raza dentro de la especie humana porque las diferencias entre dos humanos no alcanzan a ser suficientemente grandes”, explicó la doctora en genética molecular de la UBA Viviana Bernath. “Todos los humanos, de acá a la vuelta, de la China o del Japón, son iguales en el 99,99% de sus genes. Para que se hable de raza la diferencia genética debe ser mucho mayor”, añadió. Sí se puede hablar de razas entre los perros, “porque las diferencias entre un caniche y un bulldog son más grandes”, añadió la autora de La identidad. Historias reales del ADN.
Su colega Mariano Levin, investigador superior del Conicet, acordó con la idea. “Hoy no se habla de razas sino de poblaciones. Hay mayor diferencia genética entre dos personas de Africa que viven alejados que entre dos personas de continentes distintos. Los humanos somos iguales. No existe razón genética en la que pueda basarse el concepto de raza”, dijo y añadió, tajante: “Hay que trabajar para desterrar el concepto de raza”.
Por su parte, Fabián Crespo, del departamento de Antropología de la Universidad de Louisville (en los Estados Unidos), aporta que “el color de la piel, como característica cromática, tiene más que ver con la cantidad de melanina que con un componente genético y hay más de un gen involucrado”. Pero, enseguida, vuelve a reafirmar lo mismo que sus colegas: “Dos personas del mismo color de piel, negra o blanca, presentan dentro de ese grupo más variabilidad en los otros genes que un negro y un blanco”. Y especificó que hoy sólo los antropólogos forenses usan el concepto de raza por una “cuestión de practicidad”.
Ascenso. Crespo prefiere ser cauteloso a la hora de señalar la existencia de alguna relación directa entre los genes y el comportamiento; por otra parte, una tendencia creciente en los principales centros científicos del mundo.
Por ese motivo, cree ver más razones “ambientales” (es decir, del medio en el que se criaron las personas, la cultura, la história, el lenguaje y demás) que genéticas en la llegada de Obama al poder y el auge de los deportistas de origen afro. “Podría ser que algunos genes relacionados con el color de la piel, que dan origen a la proteína melanina estén justo ligados en el cromosoma con genes asociados a la inteligencia o la capacidad de pensamiento abstracto. Tal vez funciona como un paquete... pero es algo muy riesgoso y hay muchas posibilidades de manipular esto políticamente”. Y citó el caso de algún estudio que “demostró” a través de tests de coeficiente intelectual que los niños negros eran inferiores, “cuando lo que en realidad demostraba era el componente de marginación, que los chicos estaban en peores colegios y mal alimentados”, completó.
También para Bernath, “todos los seres humanos son como son por su genética y el medio en el que crecen, sean negros, blancos o amarillos. Más allá de los genes hay una vida y una historia. No existe un determinismo biológico que explique por qué Obama llegó al poder, por ejemplo”. Y lo mismo para las aptitudes deportivas: “Si a un negro no se lo entrena, y se le hace comer y engorda, no va a ser un buen deportista. Hay una predisposición que hay que alimentar, educar, estimular”.
Para Levin, hay mucho mito en todo esto. “Todavía existe una serie de grupos que quieren justificar con los genes ciertas conductas sociales”, dijo Levin. Si hay mito, entonces, habría que convocar finalmente la opinión de un científico social. Para el antropólogo Pablo Wright es claro que la raza es lo que se denomina “una construcción social”, algo sin sustento en la realidad. “Como dice la antropóloga Rita Segado, cada nación construye su sistema de alteridad. La sociedad es la que mantiene esa ideología de ghetto”, afirmó. En ese sentido, para Wright, “Obama tuvo que “blanquearse” un poco para lograrlo, limpiar las marcas del estigma”.
Como sea, todo demuestra que las disciplinas científicas (“blandas” o “duras”), dialogan mucho más de lo que se cree habitualmente. En este caso, para bien.
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El último racista científico
Lo que son las ironías de la vida y de la ciencia. Justo el hombre que con su hallazgo de la estructura del ADN (en hélice), hace más de 50 años, permitió desterrar la creencia en la desigualdad genética entre razas y abolir ese concepto para los seres humano; justo esa persona, científico eminente, dijo una enormidad que enterró sus sueños de homenajes y elogios al por mayor para los últimos días de su vida. Dijo, en 2007, palabras más, palabras menos, que los “negros son inferiores” y que eso es algo que sabe “cualquiera que tenga una criada de ese color en su casa”.
Desde luego, por más que hayan partido de la boca de una eminencia, sus palabras no tienen un pelo de científicas y fueron desacreditadas unánimemente por sus colegas.
No le salió gratis. El Nobel, que también dijo que el futuro de Africa está complicado porque “los negros no tienen la misma inteligencia que los blancos”, fue echado del laboratorio Cold Spring Harbor de Nueva York, y le suspendieron casi todas las conferencias que debía dar.
Luego intentó desdecirse e, irónicamente, apoyó a Barack Obama en las últimas elecciones presidenciales de los Estados Unidos. Habría que ver qué piensa la abuela keniana del futuro presidente norteamericano.
Obama y el ‘black power’: los genes vs. el factor social
La llegada al poder en los EE.UU. de Barack Obama, los años como influyente secretaria de Estado de Condoleeza Rice, el mejor golfista de todos los tiempos, los corredores más veloces, todos negros, conforman un evento singular a esta altura del desarrollo humano. Para los biólogos, genetistas y antropólogos consultados no hay superioridad genética sino una mezcla de factores, que van desde el desarrollo personal hasta el “ambiente” en el que crecieron. El fin de las “razas”.
Por Martin De Ambrosio /Florencia Ballarino
En términos estrictamente científicos, el futuro presidente norteamericano, Barack Obama, no es de raza negra. Y no porque sea “un blanco que tomó dos horas de sol”, como dijo provocativamente el lingüista Noam Chomsky. Sino porque, simplemente, para la corriente mayoritaria de la biología genética hoy, las razas no existen. Si las razas no existen, tampoco la superioridad racial. Esa es una de las buenas noticias que traen las cada vez más abundantes investigaciones sobre el ADN.
“Desde el punto de vista biológico, no tiene sentido hablar de raza dentro de la especie humana porque las diferencias entre dos humanos no alcanzan a ser suficientemente grandes”, explicó la doctora en genética molecular de la UBA Viviana Bernath. “Todos los humanos, de acá a la vuelta, de la China o del Japón, son iguales en el 99,99% de sus genes. Para que se hable de raza la diferencia genética debe ser mucho mayor”, añadió. Sí se puede hablar de razas entre los perros, “porque las diferencias entre un caniche y un bulldog son más grandes”, añadió la autora de La identidad. Historias reales del ADN.
Su colega Mariano Levin, investigador superior del Conicet, acordó con la idea. “Hoy no se habla de razas sino de poblaciones. Hay mayor diferencia genética entre dos personas de Africa que viven alejados que entre dos personas de continentes distintos. Los humanos somos iguales. No existe razón genética en la que pueda basarse el concepto de raza”, dijo y añadió, tajante: “Hay que trabajar para desterrar el concepto de raza”.
Por su parte, Fabián Crespo, del departamento de Antropología de la Universidad de Louisville (en los Estados Unidos), aporta que “el color de la piel, como característica cromática, tiene más que ver con la cantidad de melanina que con un componente genético y hay más de un gen involucrado”. Pero, enseguida, vuelve a reafirmar lo mismo que sus colegas: “Dos personas del mismo color de piel, negra o blanca, presentan dentro de ese grupo más variabilidad en los otros genes que un negro y un blanco”. Y especificó que hoy sólo los antropólogos forenses usan el concepto de raza por una “cuestión de practicidad”.
Ascenso. Crespo prefiere ser cauteloso a la hora de señalar la existencia de alguna relación directa entre los genes y el comportamiento; por otra parte, una tendencia creciente en los principales centros científicos del mundo.
Por ese motivo, cree ver más razones “ambientales” (es decir, del medio en el que se criaron las personas, la cultura, la história, el lenguaje y demás) que genéticas en la llegada de Obama al poder y el auge de los deportistas de origen afro. “Podría ser que algunos genes relacionados con el color de la piel, que dan origen a la proteína melanina estén justo ligados en el cromosoma con genes asociados a la inteligencia o la capacidad de pensamiento abstracto. Tal vez funciona como un paquete... pero es algo muy riesgoso y hay muchas posibilidades de manipular esto políticamente”. Y citó el caso de algún estudio que “demostró” a través de tests de coeficiente intelectual que los niños negros eran inferiores, “cuando lo que en realidad demostraba era el componente de marginación, que los chicos estaban en peores colegios y mal alimentados”, completó.
También para Bernath, “todos los seres humanos son como son por su genética y el medio en el que crecen, sean negros, blancos o amarillos. Más allá de los genes hay una vida y una historia. No existe un determinismo biológico que explique por qué Obama llegó al poder, por ejemplo”. Y lo mismo para las aptitudes deportivas: “Si a un negro no se lo entrena, y se le hace comer y engorda, no va a ser un buen deportista. Hay una predisposición que hay que alimentar, educar, estimular”.
Para Levin, hay mucho mito en todo esto. “Todavía existe una serie de grupos que quieren justificar con los genes ciertas conductas sociales”, dijo Levin. Si hay mito, entonces, habría que convocar finalmente la opinión de un científico social. Para el antropólogo Pablo Wright es claro que la raza es lo que se denomina “una construcción social”, algo sin sustento en la realidad. “Como dice la antropóloga Rita Segado, cada nación construye su sistema de alteridad. La sociedad es la que mantiene esa ideología de ghetto”, afirmó. En ese sentido, para Wright, “Obama tuvo que “blanquearse” un poco para lograrlo, limpiar las marcas del estigma”.
Como sea, todo demuestra que las disciplinas científicas (“blandas” o “duras”), dialogan mucho más de lo que se cree habitualmente. En este caso, para bien.
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El último racista científico
Lo que son las ironías de la vida y de la ciencia. Justo el hombre que con su hallazgo de la estructura del ADN (en hélice), hace más de 50 años, permitió desterrar la creencia en la desigualdad genética entre razas y abolir ese concepto para los seres humano; justo esa persona, científico eminente, dijo una enormidad que enterró sus sueños de homenajes y elogios al por mayor para los últimos días de su vida. Dijo, en 2007, palabras más, palabras menos, que los “negros son inferiores” y que eso es algo que sabe “cualquiera que tenga una criada de ese color en su casa”.
Desde luego, por más que hayan partido de la boca de una eminencia, sus palabras no tienen un pelo de científicas y fueron desacreditadas unánimemente por sus colegas.
No le salió gratis. El Nobel, que también dijo que el futuro de Africa está complicado porque “los negros no tienen la misma inteligencia que los blancos”, fue echado del laboratorio Cold Spring Harbor de Nueva York, y le suspendieron casi todas las conferencias que debía dar.
Luego intentó desdecirse e, irónicamente, apoyó a Barack Obama en las últimas elecciones presidenciales de los Estados Unidos. Habría que ver qué piensa la abuela keniana del futuro presidente norteamericano.
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