La Vanguardia de España trazó crítico panorama sobre 25 años de democracia en Argentina y evaluó que el actual Gobierno mantiene el enfrentamiento político
[9/12/2008] En una nota editorial, el diario español La Vanguardia repasa los veinticinco años de democracia en la Argentina, luego de la última dictadura (1976 / 1983). En su análisis, el rotativo hace mención del gobierno del radical Raúl Alfonsín, “hoy un símbolo de consenso y moderación política”, del “decenio de la pizza con champán menemista”, y de los últimos dos mandatos, el de Néstor Kirchner y su esposa, Cristina Fernández. “Néstor Kirchner, sacó al país de la crisis a fuerza de ganarse enemigos externos e internos. Ese capital político hizo que los argentinos dieran un voto de confianza a su esposa, de la que se esperaban gestos más diplomáticos. Todo lo contrario, el enfrentamiento sigue, se visualizó con la crisis del campo y hoy se plasma en el hecho de que Fernández no se hable con su vicepresidente, Julio Cobos”, señala La Vanguardia. El editorial concluye aseverando que “la crisis mundial devuelve a los argentinos a la sensación angustiosa de no saber qué pasará en su país a la mañana siguiente”. Información publicada en el diario La Vanguardia (España).Argentina cumple 25 años de democracia inmersa en un clima de perpetuo enfrentamiento políticoAlfonsín, el primer presidente de la nueva Argentina, es hoy un símbolo de consenso y moderación políticaQué reunió en 1983 en Buenos Aires al presidente español de la época, Felipe González, yal entonces vicepresidente estadounidense, George Bush? El reestreno de la democracia argentina, tras una sangrienta dictadura militar (1976-1983) que dejó 30.000 asesinatos y desapariciones. Y además costó la absurda guerra de las Malvinas contra el Reino Unido, que precipitó la caída del régimen militar.El miércoles se cumplirán 25 años desde que el 10 de diciembre de 1983 el radical Raúl Alfonsín se convirtió en el primer presidente de una nueva Argentina que pretendía dejar atrás un pasado histórico de enfrentamiento social. Izquierda contra derecha, ricos contra pobres, el campo contra la ciudad, la oligarquía contra los descamisados. Un enfrentamiento desbocado a mediados de los años 40 del siglo pasado cuando un militar, Juan Domingo Perón, apareció en escena pidiendo justicia social para los trabajadores. El peronismo - Partido Justicialista-,con camisetas que han ido del ultraliberalismo de Menem al aparente progresismo de los Kirchner, ha controlado el país la mayor parte de este cuarto de siglo, pero no ha logrado acabar con el enfrentamiento.La presencia de González y Bush aquel día no era casual. España representaba para Argentina el ejemplo para lograr una transición pacífica y con consenso. El respaldo público de Estados Unidos a Alfonsín ponía fin al tradicional apoyo estadounidense a una clase militar corrupta y desprestigiada, pese a que la era Reagan aún aguantaría a otras dictaduras de su patio trasero. El viaje del futuro presidente de EE. UU. fue una vacuna contra los intentos desestabilizadores que supusieron cuatro breves y acotados alzamientos "carapintadas", y un ataque guerrillero, en 1989, al cuartel bonaerense de La Tablada, que dejó 40 muertos.Se dice que Alfonsín es el único presidente argentino que puede caminar tranquilamente por la calle. Pese a no ser peronista y haber abandonado anticipadamente el gobierno en 1989, con el país sumido en una crisis económica hiperinflacionaria, Alfonsín es hoy símbolo de democracia, moderación política y consenso. Es el Adolfo Suárez argentino. Enfermo de cáncer, ha recibido este año infinidad de visitas y reconocimientos. El homenaje más significativo tuvo lugar el pasado 1 de octubre cuando, en un gesto inusual en la crispada Argentina, la actual presidenta, Cristina Fernández, descubrió una escultura de Alfonsín en la Casa Rosada y tuvo palabras emotivas hacia el veterano político, de 81 años."Hemos ganado, pero no hemos derrotado a nadie. Todos juntos hemos recuperado nuestros derechos", dijo Alfonsín tras vencer en las primeras elecciones tras la dictadura, con el 51,7% de los votos. "Hay muchos problemas que no podrán solucionarse de inmediato, pero hoy termina la inmoralidad pública y vamos a hacer un gobierno decente", gritó Alfonsín desde el balcón del Cabildo porteño a los miles de ciudadanos congregados en la plaza de Mayo, minutos después de ser investido presidente.Sin embargo, de ese "todos juntos" se pasó al "que se vayan todos", que gritaban las masas cacerola en mano durante la crisis del 2001. En medio, el irreal decenio de la pizza con champán menemista, donde los argentinos, mágicamente, triplicaron su dinero al pasar un peso a valer un dólar. Hoy, los sobresaltos siguen. Otro peronista, Néstor Kirchner, sacó al país de la crisis a fuerza de ganarse enemigos externos e internos. Ese capital político hizo que los argentinos dieran un voto de confianza a su esposa, de la que se esperaban gestos más diplomáticos. Todo lo contrario, el enfrentamiento sigue, se visualizó con la crisis del campo y hoy se plasma en el hecho de que Fernández no se hable con su vicepresidente, Julio Cobos. La crisis mundial devuelve a los argentinos a la sensación angustiosa de no saber qué pasará en su país a la mañana siguiente, o con qué nuevo crimen se desayunarán los telediarios. La inseguridad galopante es su principal preocupación, pero la presidenta apenas se ha referido a ella durante su mandato.
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