jueves, 30 de junio de 2011

UNIVERSIDADES Y ORGANIZACIONES SOCIALES YA PRODUCEN CONTENIDOS PARA LA TEVE DIGITAL

Las voces que empiezan a hacerse oír

En el marco de la nueva ley de medios, universidades, asociaciones civiles y productoras independientes lanzaron ayer el Polo Audiovisual Tecnológico bonaerense. Se trata de una alianza para generar producciones que muestren las realidades de la provincia.
Por Soledad Vallejos
Las universidades nacionales llegaron a la televisión para mostrar sus propias ideas de programación. Al menos, las radicadas en la provincia de Buenos Aires, que ayer lanzaron, durante un acto en Tandil, los primeros minutos de producción del Polo Audiovisual Tecnológico bonaerense. En asociación con canales cooperativos y comunitarios y algunas productoras independientes, la televisión según las universidades eligió interesarse, primero, por el mundo del trabajo en la provincia. Fileteros, clowns, luthiers, orfebres, y serenos de buques desfilaron en un corto de anticipo que, en más de tres minutos, explicó ante unas 500 personas en qué puede consistir un contenido regional para tevé.
También lo vieron quienes presentaron el proyecto y firmaron, en el acto, el convenio que asegurará la producción: con la presencia de los rectores de cinco universidades, el presidente de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (Afsca), Gabriel Mariotto, el presidente del Comité Ejecutivo del Programa Conectar Igualdad, Diego Bossio, el coordinador del Sistema Argentino de Televisión Digital, Osvaldo Nemirovsci, la coordinadora del programa de Polos Audiovisuales Tecnológicos, Eva Piwowarski, y la coordinadora del Polo que estaba de estreno, María Salceda.
“Hay posibilidad de hacer una nueva televisión, de pensar el marco teórico, de capacitarse en estos nuevos formatos también y empezar a producir regionalmente, y comenzar a pensar estos contenidos y dar vuelta el mapa audiovisual”, explicó luego en conversación con este diario María Salceda, coordinadora del Polo que estrenaba una de las posibilidades abiertas por la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.
Un pescador sueña con reencarnar en orca. “Lindo sería. Bah, para mí. A otro no creo que le guste.” Una clown callejera cuenta cómo se maravilló al descubrir cuánta gente vivía de eso mismo. Quizá en referencia a lo ocultos que quedan tantos mundos cotidianos, un sereno de buque mira a alguien detrás de cámara y reflexiona: “Pasa que ¿dónde está la gente? Están adentro mirando películas”. Y alrededor pasa el mar, la misma inmensidad que el pescador con ganas de ser orca adora tanto como para explicar que “estar acá adentro es sentirse libre”. Esas son sólo algunas voces del corto que marcó la presentación del Polo. Los fragmentos, alternados con rutinas propias del equipo de producción responsable de contar esas historias, forman parte de Trazos: oficios de la provincia de Buenos Aires, uno de los programas producidos como primera experiencia. Son, de momento, 20 capítulos de media hora cada uno, grabados en Bahía Blanca, Necochea, Mar de Ajó, Junín, Pergamino, Mar del Plata, Saladillo, Tandil, Tres Arroyos. “20 oficios, más de 80 protagonistas, 10 horas de televisión regional de calidad, producción federal, otro mapa de comunicación”, van explicando las frases sobre las imágenes del trailer estrenado ayer.
Como sucederá con el resto de los contenidos a producir por los nueve Polos en que quedó dividido el país, la programación se distribuirá por las señales de televisión digital de aire. El Polo que se estrenó ayer fue el de Buenos Aires, “que está integrado por todas las universidades nacionales de la provincia menos el Area Metropolitana y La Plata”, explicó Salceda, y tiene por cabecera la Universidad Nacional del Centro de la provincia. Además de las cinco casas de altos estudios, de la producción presentada ayer participaron canales comunitarios y cooperativos y productoras independientes. Los demás Polos son Centro (Córdoba, San Luis y La Pampa, con cabecera en la UN de Villa María), Cuyo (San Juan, Mendoza y La Rioja, con cabecera en la UN de Cuyo), Litoral (Entre Ríos y Santa Fe, con cabecera en la UN de Entre Ríos), Metropolitano (la Ciudad de Buenos Aires y las del conurbano, con cabeceras en el IUNA y la UN de Tres de Febrero), NEA (Misiones, Formosa, Chaco y Corrientes, con cabecera en la UN de Misiones), NOA (Jujuy, Salta, Tucumán, Santiago del Estero y Catamarca, con cabeceras en la UN de Jujuy y su par de Tucumán), Patagonia Norte (Neuquén y Río Negro, con cabeceras en UN de Río Negro y UN de Comahue), Patagonia Sur (Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego, con cabeceras en UN de la Patagonia Austral y UN Patagonia San Juan Bosco).
El programa de producción de contenidos por Polos Audiovisuales Tecnológicos, explicó Salceda, es fundamentalmente “territorial”. “Y lo es en el mediano y largo plazo, busca redes de producción y capacitación”, algo que termina dando estabilidad “al mercado regional local”. “La idea es aprender a trabajar en red de modo permanente, no sólo para Polos. Se trata de ayudar a crear estas redes para que podamos empezar a dinamizar este sector audiovisual y generar contenidos en nuevas pantallas. La idea es que de esto participen todos los actores del sector audiovisual local, que sea realmente federal y regional y local. No se trata sólo de federalizar los contenidos, sino también de federalizar la producción: que se vea lo que pasa en todas las regiones, y que lo produzcamos cada uno en su región.”
Política regional

Ahora, intentan plantar un nuevo conflicto en el seno del Mercosur

Publicado el 30 de Junio de 2011
A raíz de la ausencia de la presidenta Cristina Fernández al cónclave del organismo por motivos de salud, los hegemónicos empezaron a señalar “malestar” entre las delegaciones vecinas y “poco aprecio” gubernamental.
La ausencia de la presidenta en la cumbre del Mercosur en Paraguay por motivos médicos dio pie para que los medios dominantes no sólo tejieran especulaciones sobre la salud de la mandataria, sino que atribuyeran escaso interés de la jefa de Estado por concurrir al cónclave, del lado argentino, y malestar por parte del organismo sudamericano.
La Nación coloca en tapa, con máxima importancia en su agenda, “Malestar en el Mercosur por la ausencia de la Presidenta”. En la bajada, remarca que “canceló sorpresivamente el viaje a Paraguay por prescripción médica, pero mantuvo su agenda local”. Sólo en la volanta, en parte del texto, el medio destaca el tema que generó la ausencia: “La salud de la presidenta”.
El diario comienza la nota señalando el supuesto descontento de los demás delegados del Mercosur: “La ausencia sobre la hora por prescripción médica de Cristina Kirchner a la cumbre de presidentes del Mercosur, que comenzó ayer en esta ciudad, hizo que funcionarios y diplomáticos lanzaran todo tipo de especulaciones sobre los motivos reales de la cancelación del viaje. Pero el hecho político más relevante de esa decisión fue el fuerte malestar que causó su ausencia entre los mandatarios socios del bloque regional. Con diferentes matices, los delegados de Brasil, Paraguay y Uruguay expresaban ayer, en el centro de convenciones de esta ciudad, su desagrado por el desplante de la Presidenta, con sólo 24 horas de preaviso”.
Sin embargo, a la hora de citar alguna fuente, el diario de los Mitre va hacia atrás: “Ningún funcionario del Mercosur se animó a exponer on the record el enojo que imperaba en las delegaciones tras conocerse el comunicado firmado por el doctor Marcelo Ballesteros, de la unidad médica de la Casa Rosada.”
Tanto La Nación como Clarín no dejaron pasar la oportunidad de enfatizar un “faltazo casi histórico”. El diario de Noble señala: “Esta es la segunda vez en veinte años de existencia del bloque que un mandatario pega un faltazo completo. El primero fue Fernando De la Rúa, durante la crisis de diciembre de 2001, y ya a pocas horas de su caída.”
En la nota de la página 11, Clarín remarca en el título: “Una decisión que dejará una huella negativa en el bloque”. La volanta es aun más tendenciosa: “La Argentina parece demostrar poco aprecio por las instituciones de la región”. En la nota, casi sobre el final, la enviada especial vuelve a bajar línea sobre el tema y lo suma a las especulaciones: “... lo que más impacta en este asunto es la falta de aprecio por las cuestiones institucionales”. <

miércoles, 29 de junio de 2011

"Realidad e irrealidad de los medios de comunicación", Daniel Innerarity

Que vivimos en un mundo de segunda mano es un hecho que se lo debemos fundamentalmente a los medios de comunicación. Es una ingenuidad pensar que tenemos un acceso inmediato al mundo, por experiencia propia. A nada que uno reflexione, cae en la cuenta de que incluso lo que tenía como una experiencia inmediata individual está mediada por los esquematismos y plantillas de los medios de comunicación. La mayor parte de lo que creemos saber es, en última instancia, algo de lo que hemos oído hablar, algo que nos ha sido contado, cuya verdad se sostiene por la confianza en instancias, autoridades, testigos y expertos. Es interesante subrayar esta circunstancia porque generalmente no sabemos gracias a qué sabemos lo que sabemos.
La sociedad sólo puede conocer el mundo a través de los medios de comunicación (si excluimos ese mundo cercano, privado, que cada uno puede conocer inmediatamente). Incluso cabe afirmar que ni siquiera estamos en condiciones de separar el saber que tenemos a través de los medios del saber que hemos adquirido por experiencia personal. Por supuesto que hay un círculo vital personal sobre el que se sabe sin haberlo leído en el periódico. Pero no puede uno orientarse en el espacio público sin el saber que se obtiene a través de los medios. Y probablemente tampoco pueda ya ni siquiera aislarse una esfera privada del saber auténtico que procede de la propia experiencia contra la influencia de los medios. Así pues, la realidad es para nosotros realidad mediática, es decir, mediada, mediatizada. Cada vez hay menos cosas que podamos experimentar de primera mano en un mundo regido por la división del trabajo y que gracias a los medios se ha hecho global, por lo que necesitamos de los medios para informarnos acerca de él. Construimos nuestra imagen del mundo a partir de unos rumores que ya no se transmiten en la comunicación oral, como en las culturas tradicionales, sino a través de los medios.

Pero con ello el concepto de realidad no se hace superfluo, llegando a adquirir unas connotaciones especiales e incluso un atractivo particular; en los procesos comunicativos de la sociedad contemporánea se muestran con mayor riqueza los procesos complejos en los que la realidad se configura. La realidad únicamente se puede definir a partir de las observaciones y remite constitutivamente a símbolos y ficciones. Los medios no describen una realidad exterior sino que ellos mismos son autores en un campo social de fuerzas en el que influyen y por el que son influidos.

Por eso no tiene mucho sentido acusar a los medios, genéricamente, de manipulación. Los medios no están para afirmar cómo es la realidad “en sí”, sino cómo es vista por otros. Los medios no informan de lo que pasa sino de lo que los demás consideran importante. No se refieren primordialmente al mundo sino a sí mismos. Tal vez la ilustración más elocuente de ello sea el modo como se practica actualmente la política, que es una actividad cada vez más intransitiva. La política únicamente reacciona a su transmisión en los medios. La construcción mediática de la realidad ahorra a los políticos el contacto con la realidad. En lugar de observar el mundo, los políticos observan cómo son observados por los medios. Los medios les permiten un vuelo sin visibilidad.

Un caso particular de esta autoreferencia del sistema comunicativo lo constituye la cuestión del deseo, suscitado por los propios medios, de una realidad no mediatizada. La realidad construida por los medios suministra una nostalgia de realidad “autentica”. En paralelo con esa realidad de los medios, engañosa, artificial y escenificada, crece también la exigencia de una realidad que se caracterice por la autenticidad, la naturalidad, la corporalidad o la espontaneidad, pero que aumenta justo en la misma medida en que precisamente los medios tratan de simular esas propiedades y provocan la resistencia contra ellos mismos.

Hay mil ejemplos de esa inmediatez escenificada mediáticamente, entre los que podrían destacarse los siguientes: el valor añadido de lo live en una cultura manufacturada que corresponde a la ilusión de una observación de primer orden; la añoranza de realidad que se satisface en la oferta televisiva de los programas que venden realidad (los llamados reality-shows); el deseo de autenticidad que explica la creciente presencia de actores no profesionales o la estética cinematográfica del grupo Dogma, que pretende superar la artificialidad y la escenificación; la desespecialización a la que se aspira cuando es preferida la experiencia personal al saber experto, el “hágalo usted mismo” frente a la perfección insípida del especialista (el karaoke, el bricolage, los libros y programas de cocina), como una gran compensación frente al “mundo administrado” (Adorno); el hecho de que los escritores de ficción justifiquen su construcción apelando a la realidad o de que los críticos vean en todo rasgos autobiográficos, como si hubiera en ambos una cierta mala conciencia de la ficción; el deseo de políticos auténticos, que no sean de diseño, con defectos a ser posible, alimentado por la sensación de que la política es teatralidad y montaje… aunque todos sabemos que la autenticidad es, en buena medida y a veces pretendidamente, algo escenificado.

Se trata ciertamente de una aspiración que no deja de ser paradójica. Para empezar, que los medios deforman o manipulan es algo que conocemos gracias a ellos. También el saber acerca de las falsificaciones o las quejas frente al poder de los medios se difunden a través de los propios medios. No faltan en ellos quienes critican su falsedad estructural e incluso se ofrecen para hacer valer la realidad, lo que es algo así como designarse mediadores de la inmediatez. Esta nostalgia de realidad está tan mediatizada como el mundo frente al que se define. Poder escapar de esta mediación es una nostalgia que alimentan precisamente los medios de comunicación. Estas paradojas ponen de manifiesto que vivimos en una sociedad en la que también la inmediatez es una construcción. Los procedimientos en virtud de los cuales calificamos algo como real o verdadero han de ser pensados fuera del esquema de la adecuación con el mundo, al que habría que acceder sin mediaciones en un combate contra las poderosas fuerzas que tratan de ocultárnoslo (una épica, por cierto, que no ha dejado de ser alimentada por los propios medios de comunicación).

El discurso tradicional acerca de los medios de comunicación se pregunta si es verdad lo que nos dicen, si se ajustan a los hechos o manipulan. El reproche corriente hacia los medios es que no reflejan adecuadamente la realidad o incluso la deforman, ocasional o sistemáticamente. Esto significa que partimos del supuesto de que los medios saben lo que es la realidad y, a pesar de ello, ofrecen una imagen deformada. En algunos casos es posible identificar esa manipulación y denunciarla, lo que puede incluso ser útil, pero esta no es la cuestión de fondo. No habríamos avanzado apenas en la comprensión del significado que los medios tienen en la sociedad contemporánea si hubiéramos conseguido poner de manifiesto en qué casos y de qué manera han falsificado la realidad, pues quedaría en pie el interrogante fundamental. La pregunta no es cómo destruyen sino cómo construyen la realidad.

Los medios no manipulan en el sentido vulgar de tomar partido, sino que más bien esquematizan los acontecimientos con los que se ha de contar, estabilizan las alternativas, construyen el ámbito de lo que resulta posible. Su éxito consiste en prefigurar la aceptación social de los temas, con independencia de cuál sea la posición que se adopte respecto de ellos. Los medios proporcionan algo así como la materia prima sobre la que se configuran las realidades en las que vivimos, los asuntos sobre los que tenemos que opinar, las comunidades con o contra las que tenemos que identificarnos. Los medios no están preparados para saltar en cuanto algo acontezca sino que tienen la tarea de transmitir permanentemente algo, aunque no pase nada (porque los políticos están de vacaciones o no hay partidos de fútbol). Karl Valentin señalaba una vez lo asombroso que era que en el mundo ocurriera exactamente lo que cabía en los periódicos. La causa de esta exactitud estriba en que, de alguna manera, los periódicos determinan qué es lo que pasa e incluso “cuánto” es lo que tiene que pasar.

Esto es lo que los americanos llaman la función “agenda setting” y otras similares bajo la denominación de “gate-keeper”, “news-bias”, o en los fenómenos del “valor informativo”, “efectos recíprocos”, “pseudo-acontecimientos” o “acontecimientos mediáticos”. Los medios institucionalizan unos temas, focalizan la atención sobre determinados asuntos y estructuran inicialmente el espacio público. De este modo llevan a cabo una pre-interpretación esquemática, estandarizan las opiniones y establecen unas contraposiciones elementales mediante las que poder orientarse en el mundo. Los medios de comunicación son el a priori concreto de nuestra percepción e interpretación del mundo, las prótesis del sentido común. Los medios, con su función de observación, selección y escenificación, son los emplazamientos destacados de la percepción colectiva.

Los medios tienen la función, mediante su oferta de temas, de establecer una realidad común como trasfondo: una realidad conocida, que en la comunicación y en la interacción con otros pueda ser tácitamente presupuesta, compartida por todos los que participan en la comunicación. Uno puede referirse a las noticias del día, los programas de televisión, las figuras del cine o las tendencias de la moda y dar por supuesto que los demás entienden de qué se habla. Los medios producen una cierta memoria, que consiste en que pueden darse por supuestos determinados presupuestos acerca de la realidad sin necesidad de justificarlos o establecer un consenso explícito. La fortaleza de ese trasfondo es tal que funciona incluso como referencia inevitable en aquellos discursos que pretenden distinguirse de la opinión dominante o determinar cuál es la verdadera realidad.

La gran pregunta que entonces se plantea es qué pasa con nuestra libertad. Y la respuesta remite a entender que los medios de comunicación se imponen de un modo análogo a como la moda configura el deseo o como obliga la publicidad. Los medios no necesitan imponerse absolutamente, ni generan consensos universales; lo que hacen es asegurar una realidad de referencia. Uno puede opinar lo que quiera de esos temas, pero precisamente de esos y no de otros. Se acepta cualquier opinión con tal de que permanezca dentro de ese marco temático de referencia. Que casi todo el mundo sepa de qué se habla en los medios no significa que piensen lo mismo; incluso las actitudes originales, las desviaciones, presuponen una misma referencia inteligible. Para desviarse de lo común hay que conocer esa realidad de referencia y en este sentido nunca se escapa completamente de la realidad construida por los medios de comunicación.

La opinión pública domestica las opiniones en la medida en que las introduce en una espiral de expectativas recíprocas. Los medios de comunicación dan forma a esa opinión, es decir, le proporcionan los temas. Podemos tener muchas opiniones pero sólo en este espectro y en este horizonte. Uno puede estar a favor o en contra; lo que no está a la libre disposición es el reconocimiento de los temas en cuanto tales. De este modo los medios nos dicen con qué opiniones podemos entrar en comunicación. Esto es algo especialmente valioso para la seguridad de nuestro comportamiento. La autorreferencia que los medios han desarrollado, su continua auto-cita, produce redundancia y, por tanto, seguridad. A los medios les debemos la ilusión de que el mundo es una realidad que se puede divisar, resumir y juzgar; algo acerca de lo cual, pesa a su inicial complejidad, se puede tener una opinión. Con otras palabras: la opinión pública es un sistema de comunicación que vive del supuesto de que no se puede reconocer que sobre determinados temas no se tiene ni idea.

A estas alturas probablemente esté claro por qué la opinión pública no es ese espacio público deliberativo proyectado en las grandes teorías de la democracia, ni el lugar donde se desvela la verdadera realidad, pero tampoco un espacio tenebroso dominado por poderes ocultos, sino algo, en el fondo, mucho más banal. Como siempre, las cosas importantes nos las jugamos en los escenarios menos sublimes.
MEDIOS Y COMUNICACION

Recuperar la palabra

Javier Bráncoli se refiere a una reciente publicación y se pregunta qué aportan las organizaciones comunitarias a la puesta en marcha de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.

Final del formulario

Por Javier Bráncoli *

Desde el año 2002, la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA lleva adelante un programa dirigido a organizaciones sociales y comunitarias, en particular vinculadas con el campo de la comunicación y la cultura. La experiencia se reflejó en una reciente publicación: “Donde hay una necesidad, nace una organización”, coeditada por la Facultad y la Editorial Ciccus.

¿Qué aportan las organizaciones comunitarias al debate sobre la aplicación de la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual?

Radios comunitarias, periódicos barriales, centros culturales, murgas, grupos de teatro comunitario han sabido instalar, en contextos de crisis y pobreza, otras voces que rompen los discursos monocordes de los medios de comunicación tradicionales.

Las organizaciones y movimientos sociales, que recuperaron fuerza y centralidad en estos años, han sido –en recurrentes ocasiones– estigmatizados. Discursos dominantes que deslegitiman estas experiencias organizativas por su procedencia popular, su apuesta política, los recursos que administran o simplemente por su relación con el Estado. El tratamiento mediático sobre la Fundación Madres de Plaza de Mayo en estos días es un caso testigo, entre muchos otros.

Sin embargo, estas prácticas han generado respuestas desde los sectores más vulnerables de la sociedad para enfrentar las consecuencias más agudas del proceso de empobrecimiento y marginación de amplios sectores de la población. Resulta necesario neutralizar las visiones que se construyen sobre estos actores colectivos desde los centros de poder. Pero ¿cómo debatir públicamente sobre el papel que cumplen estas organizaciones desde una relación tan asimétrica?

Sin dudas, la debatida Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual constituye, a su vez, un logro y una oportunidad para crear nuevas y múltiples voces. Una polifonía que refleje el extendido y variado universo de experiencias y prácticas sociales que se desarrollan en los “márgenes” de la sociedad.

Pero otro aspecto, menos visible, es el papel que cumplen organizaciones y movimientos sociales para intervenir en los microprocesos de comunicación a nivel local, barrial o comunitario. Democratizar la información, generar nuevos canales de participación, construir opiniones y tomar colectivamente decisiones implica (re)pensar la comunicación en un sentido eminentemente político. Resulta necesario para (re)ligar lo que han desgajado décadas de neoliberalismo y resabios dictatoriales. Volver a unir el tejido social dañado por un modelo económico desigual y excluyente, prácticas políticas asfixiantes, manipulaciones, frustrados intentos de participación que son moneda corriente en los barrios populares.

Las organizaciones representan en sí mismas un proyecto de comunicación. Su propia existencia expresa la necesidad de “decir algo” y ha sido el Estado su principal interlocutor. Las tomas de tierras, las demandas por asistencia alimentaria y planes sociales, las acciones socioeducativas que desarrollan, las reivindicaciones de justicia frente a hechos de violencia se han cristalizado en diferentes formas de organización comunitaria a partir de una historia en común, una cultura compartida y diversas formas de solidaridad.

Las organizaciones pueden ser un poderoso instrumento de comunicación con capacidad para transformar su entorno y condiciones de vida en la medida en que puedan resignificar sus prácticas y ser progresivamente cada vez más inclusivas.

Su potencialidad política se expresa a partir de una forma de sociabilidad firmemente arraigada en los sectores populares por relaciones primarias de vecindad y parentesco, una forma de trabajo no mercantil para satisfacer diversas necesidades sociales y una inserción territorial que resulta estratégica.

Las organizaciones producen significados, símbolos, mensajes –todas lo hacen de una u otra manera–, y en ese proceso van descubriendo su capacidad de intervenir en el espacio público. Este “descubrimiento” impacta decisivamente en la subjetividad de los militantes sociales y sus formas de organización y, a su vez, abre las puertas para otras formas de relación con su comunidad.

Desde las ciencias sociales es posible contribuir a la recuperación de la palabra por parte de los sectores populares e intervenir conjuntamente en los debates públicos con renovada fuerza. Esta capacidad estará basada –entre otros factores– en el surgimiento y consolidación de nuevos medios de comunicación comunitarios pero, fundamentalmente, en el fortalecimiento de actores sociales con un proyecto político común que disputen el rumbo y sentido de la sociedad en la que vivimos. Este es el desafío.

* Docente e Investigador, Facultad de Ciencias Sociales, UB

MEDIOS Y COMUNICACION

Política y medios: Macri vs. Filmus

La polémica en torno del debate televisivo entre Macri y Filmus por las elecciones en la ciudad de Buenos Aires le permite a María Graciela Rodríguez hacer consideraciones sobre el papel de los medios y su condición de actores políticos en el escenario de la cultura.

Final del formulario

Por María Graciela Rodríguez *

La discusión sobre el debate entre Mauricio Macri y Daniel Filmus trae a colación los vínculos entre cultura, política y medios de comunicación, una tríada que es profundamente constitutiva de la contemporaneidad. Su desmenuzamiento y análisis ameritarían largas y sesudas reflexiones, porque exceden los límites de un hecho puntual como lo es un debate entre candidatos preelectorales.

No obstante, y sin desmerecer aquello, aquí me gustaría detenerme solamente en dos cuestiones que comenzaron a correr a lo largo de los días, después de que Filmus impusiera condiciones apartadas del sentido común. Las dos cuestiones sobre las que me gustaría detenerme en esta oportunidad son, por un lado, el gesto político (en la plenitud del sentido de “político”) de Filmus y, por el otro, el rol de la televisión pública.

En los últimos años nos hemos acostumbrado a que la agenda político-electoral la motoricen algunos programas de televisión relacionados con el multimedios Clarín. Los candidatos, funcionarios, legisladores son convocados a ir a los platós televisivos donde responden preguntas elaboradas por el periodismo anfitrión. Es una lógica de la “invitación”, en que el dueño de casa propone el menú y los invitados se limitan a comentar sobre lo ofrecido. Dicho de otro modo, estos programas construyen el marco donde dialogar, encuadran los intercambios, deciden sobre interlocuciones posibles. De algún modo, y con la contundencia que dan la rutinización y la repetición, la ciudadanía ha ido naturalizando la legitimidad de estos espacios que aparecen, así, como los únicos posibles. No obstante, con su gesto de negarse a debatir con Macri exclusivamente en ese espacio televisivo, y de proponer, en cambio, que se multipliquen, Filmus produce dos cosas: por un lado, rompe con la naturalización, quebrando la ilusión de que es el medio el único habilitado para proponer el marco de interlocución, porque es el que “invita”; y por el otro, se corre del lugar de invitado y se impone como actor de peso pleno en la contienda.

Y lo notable es que hace esto desde la propia esfera de la política, ámbito donde efectivamente se asienta el debate preelectoral. Esto implica una rotación en la dirección de las acciones, porque es el actor político el que inicia la jugada. El detalle es que el multimedio también es un actor político. No obstante, la diferencia es que siempre disfrazó sus intenciones con la muletilla de la libertad de expresión, mientras que los candidatos políticos son, justamente, y va de suyo, actores políticos. Asombra entonces gratamente el gesto de Filmus, porque invierte la dirección naturalizada.

Además, el otro tema que ha puesto en el tapete el gesto del senador es la cuestión del rol de la televisión pública en el encuadramiento de estos debates. Y acá también se juegan condicionantes perceptivos ligados a una sedimentación cultural, de tiempos muy largos, arraigados en la ciudadanía. Y es que en el imaginario de la televisión pública aún permanecen, si bien en algún sentido como retazos, imágenes diversas pero pregnantes: la Argentina Televisora Color inaugurada por los militares para el Mundial 78, y también la que luego llenó sus pantallas con cortes de manzana, tetas y timbas.

El cambio de nombre en los sucesivos gobiernos no terminó de limar esas imágenes, que todavía hoy persisten como pátinas oleosas.

Sin embargo, la televisión pública es, por derecho ciudadano, el espacio más adecuado para la realización de este debate. En primer lugar, porque es una señal gratuita, a diferencia de las señales de cable que son pagas; y en segundo lugar, porque el Estado es la única garantía de respeto y neutralidad. Si no cumple ese papel de garante, entonces puede ser sancionada a través de mecanismos auditables de control social.

Pero, claro, ése es otro debate.

* Doctora en Ciencias Sociales. Idaes-Unsam / FSOC-UBA


Malas noticias por las dudas

Clarín “preculpó” al gobierno por los disturbios ocurridos en River

Publicado el 29 de Junio de 2011
El viernes pasado el diario ya señalaba con especial énfasis a la presidenta como la responsable máxima de lo que terminaría ocurriendo en los alrededores del Monumental luego del descenso del Millonario.
El descenso de River Plate al Nacional B, con su carga de tristeza, bronca y decepción para los hinchas y simpatizantes millonarios, intenta ser capitalizado por los medios hegemónicos, en especial el Grupo Clarín, para direccionar la responsabilidad por los incidentes registrados luego del partido hacia el gobierno nacional. La oposición también siguió este camino trazado por el multimedios comandado por Noble y Magnetto.
La tapa de Clarín de ayer, titulada “Opositores acusan al Gobierno por los disturbios en River”, es la continuación y parte del resultado de una operación lanzada por el diario de Noble y Magnetto antes de que el descenso del cuadro de Núñez estuviera confirmado. El viernes 24/6, dos días antes del partido, el diario ya instalaba una “cadena de responsabilidades” por si se producían incidentes, y eligió titular: “Por decisión del Gobierno, River juega con público”. Para Clarín, no hubo evaluación de los organismos de seguridad tomada en cuenta, ni decisión consensuada. El medio, ya desde la bajada, apunta directamente a la primera mandataria. Por eso en la bajada remarca: “Lo dispuso la Presidenta ante una consulta del organismo de seguridad en el fútbol (…).” En el inicio de la nota, el diario ya “sustraía” el tema del ámbito deportivo o social, y lo elegía como “tema del día” remarcando: “El posible descenso de River se transformó en una cuestión de Estado. El escozor que sienten sus hinchas ante la posibilidad de perder la categoría se mezcló ayer con la política nacional. Prueba de que el domingo se jugará mucho más que un partido de fútbol, la propia presidenta Cristina Fernández dio ayer la aprobación definitiva para que la revancha ante Belgrano se juegue con público.”
En su edición de ayer, el diario continúa la operación estableciendo un feedback discursivo con los dirigentes opositores aliados, en especial Ricardo Alfonsín y Mauricio Macri. El diario destaca en página 8: “Desde críticas a la ‘imprevisión’ del Gobierno nacional a reclamos de renuncia de la ministra de Seguridad, Nilda Garré, el candidato presidencial Ricardo Alfonsín y otros dirigentes de la oposición hicieron cola ayer para destacar la responsabilidad oficial en los graves incidentes ocurridos en el Monumental y alrededores el domingo, a raíz del descenso de River al Nacional B.” En la página 9, otro título señala a la presidenta: “Cristina tomó la decisión, pero falló el operativo”. También queda registrado el oportunismo macrista, quien antes del partido “dijo que jugar sin gente sería ‘un papelón’”, y luego del partido pasó a preguntarle al gobierno: “¿Qué le va a decir el gobierno nacional a toda esta gente a la que se le ha destrozado los locales en Av. del Liberador…?” La oposición aliada al multimedios, una vez más, sigue los dictados de la agenda mediática de Clarín.
La Nación, en su editorial principal, potencia el “coro” y destaca: “Era un operativo policial condenado al fracaso, por más que la Policía Federal haya destinado 2200 efectivos y las autoridades de River Plate hayan contratado cerca de 1000 guardias privados (...). En vista del bochorno del partido anterior, en Córdoba, el gobierno nacional debió haber dispuesto que se jugara a puertas cerradas.” <

martes, 28 de junio de 2011

menos mal que no hay muchas

Opinión

Por qué son pocas las Beatriz Sarlo

Laura Di Marco
Especial para lanacion.com

Martes 28 de junio de 2011 | 00:46 (actualizado a las 19:49)

Laura Di MarcoEspecial para lanacion.com Foto: Archivo

Después - y sólo después- de haber hecho una investigación sobre la representación femenina en el nervio medular del poder; allí donde se cocinan las grandes decisiones, me di cuenta de lo evidente: son muy pocas las mujeres cuyas palabra pesa, realmente, en el debate político, con una llamativa excepción: la de una intelectual de extraordinario talento, capaz de conmover al poder y provocarle un dolor de cabeza crónico.
Ella es, claro, Beatriz Sarlo. Excepcional es, aquí, la palabra clave. Porque para influir en el juego de la política, ya sea desde el ejercicio concreto del poder (los actores políticos), como desde el contrapoder (digamos, la prensa) nadie le pide a un varón que sea Tomás Abraham, Santiago Kovadloff o aquel Portantiero, que le hablaba al oído a Alfonsín.
Nadie les exige a ellos ser excepcionales para tener voz propia en un territorio que, más allá de lo que digan, sigue dominado por la testosterona.
A esta altura, estarán pensando que el timón del país, nada menos, es comandado por una jefa poderosa. Poderosa y caprichosa. Es cierto. Sin embargo, el caso de Cristina Kirchner no deja de ser, también, una excepción. Como describía hace poco un dirigente peronista K, en privado: "Ella llegó a la cima de la escalera con peldaños que le armó Néstor".
En una palabra, e independientemente de su indudable inteligencia, es improbable que Cristina hubiera llegado a la presidencia, de no haber tenido al lado a un hombre poderoso que, no sólo la designó allí, sino que se encargó de hacer el trabajo sucio.
También es cierto que, en comparación con otros países de América latina, tenemos un alto porcentaje de legisladoras en el Parlamento, alrededor de un 40 por ciento, básicamente a raíz de la Ley de Cupo.
Sin embargo, y a pesar de estos indicadores, que superficialmente podrían parecer alentadores, un estudio reciente del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), financiado por el Fondo de Naciones Unidas para la Democracia, reveló que, de cada diez puestos políticos clave, dos son ocupados por mujeres y ocho por varones. Menos de un 15 por ciento en el máximo nivel de la representación política.
Así, el índice de participación mujer (IPM) -un indicar que mide, a través de un estudio de campo, el nivel de inserción real de mujeres en los resortes clave-, reveló para la Argentina un cuadro "crítico".
Veamos ahora qué pasa del lado del contrapoder. La prensa, por ejemplo.
Aquí las cosas se ponen aún peor. Porque en este territorio, prácticamente blindado, no existe ni un solo equivalente femenino de Carlos Pagni, Eduardo Van Der Kooy, Joaquín Morales Solá,Jorge Lanata y siguen las firmas (de ellos).
Quizá ahora estén pensando en la figura de Magdalena, que por suerte existe en el plano del contrapoder. Sin embargo, la radio no tiene el mismo poder editorializante que aún conservan los grandes diarios. No fija la agenda del debate, que ya que se nutre de ellos. Basta recorrer brevemente el espinel de la política para percatarse de que sus actores centrales, siempre hablan de lo que dijo, en su columna, algún Él. Con la excpeción de la memorable temporada que le siguió al debate de Beatriz Sarlo en 6, 7,8. Entonces, todos hablaron de lo que dijo Ella.
Video: Sarlo y 678, sobre la cobertura de Los Indignados (Canal 7)
Pero, ¿qué pasa, entonces, con el resto de las mujeres? ¿Por qué no aparecen muchas más voces femeninas que puedan terciar en ese campo y volverlo más democrático, rico y diverso? ¿Seremos seres sin ambiciones? ¿"Flojas de entendederas" para el juego masculino del poder, como le escuché decir a un colega, alguna vez?
Experta en detectar e incorporar talento femenino, y hablando de la situación concreta de la Argentina, la economista española Nuria Chinchilla, directora de la Escuela de Negocios de la prestigiosa universidad de Navarra, observaba en una entrevista que LA NACION publicó tiempo atrás:
"En la Argentina, hay un machismo vergonzoso, y lo peor es que no se dan cuenta", sintetizaba esta académica, para nada enrolada en el feminismo clásico, quién, ante la crisis, busca innovar, incluyendo más presencia femenina en el mundo corporativo. Pero la española reconfirma que es la política el área más afectada por los prejuicios. Incluso el cupo está teñido de ellos. En sus palabras: "En ese campo, salvo que te la ganes a pulso, con un talento superlativo, te destrozarán diciéndote que estás allí por la cuota (el cupo)".

"La palabra política sigue siendo patrimonio de los varones, con algunas, pocas, excepciones"

Hay que preguntarle a Gabriela Michetti, estrella del macrismo y ahora muy guardada en esta campaña, por los efectos corrosivos del machismo cultural, una trama hecha de creencias, ideas, y prejuicios tóxicos, que le fue quitando oxígeno, cuando pretendió desmarcarse con vuelo propio. "Le falta capacidad para gestionar", la lapidaron sus propios colegas, sin que hubiera tenido siquiera la oportunidad de probarlo o desmentirlo porque, hasta ahora, nunca gestionó.
La escritora y terapeuta Clara Coria escribió en los '80 un libro que, rápidamente se convirtió en best-seller, El sexo oculto del dinero, para graficar que el manejo de la plata seguía siendo cosa de hombres. Algo similar sucede con la palabra política: sigue siendo patrimonio de los varones, con algunas, pocas, excepciones.
Dos prejuicios básicos erosionan la figura de lo femenino: la falta de racionalidad y la falta de capacidad para liderar en el núcleo duro del poder. Lilita Carrió, por caso, fue acusada muchas veces de "irracional" por sus ideas místicas, y, de hecho, su credibilidad se fue diluyendo. No le sucedió lo mismo a Alberto Rodríguez Saa en su feudo, después de haber declarado, muy suelto, que había mantenido contactos con extraterrestres.
Pero, que nadie se confunda. Porque, a esta altura, acusar a los hombres de malvados o echarles la culpa, no sólo sería un reduccionismo anacrónico, sino una estudipez. Un argumento simplón, que explica poco, aunque efectivamente todavía exista esta clase de dinosaurios (del mismo modo que existen muchos otros, sensibles a este desequilibrio, que impulsan y promueven el ascenso de más mujeres).
Aquí se trata de una trama cultural, que flota en el inconsciente colectivo, y que es sostenida por hombres y por mujeres (y a veces mucho más por las mujeres), que actúa en automático. Casi, casi vida propia. Como dice Coria: "No existen personas que carezcan de prejuicios sino personas con honestidad emocional, capaces de revisarlos".
Desde ya que hay muchos menos preconceptos que antes, pero siguen operando lo suficiente como para generar exclusión, sobre todo en los máximos niveles. Incluso, el hecho de que la equidad de género, que también es un derecho humano, parezca un tema menor, forma parte del mismo entramado prejuicioso.
Por caso, en esta campaña, ¿dónde están las mujeres políticas, que son quienes naturalmente deberían tomar este tema, impulsando la inclusión democrática de sus congéneres? Ni siquiera figura en sus agendas, no al menos de un modo visible.
Hillary Clinton lideró esa bandera en Estados Unidos, y lo mismo hizo la vicepresidenta socialista María Teresa de la Vega, en España, cuando instaló en la sociedad la necesidad de que las mujeres salgan "de la excepcionalidad, para liderar el cambio".

"Dos prejuicios básicos erosionan la figura de lo femenino: la falta de racionalidad y la falta de capacidad para liderar en el núcleo duro del poder"

Otra pista la trae el abogado norteamericano Owen Fiss, un experto en libertad de expresión, quién escribió un excelente paper sobre Las paradojas de la libertad de expresión. Allí postula que la siguiente paradoja: para promover un debate democrático, en el que las voces de todos los sectores tengan el mismo peso, es necesario aplicar regulaciones sobre lo que llama "el discurso del odio".
Traducción: si en una sociedad como la norteamericana, donde imperan los prejuicios raciales, se dejaran fluir, libremente, los agravios hacia los negros, sería la voz de esa minoría racial la que se vería afectada, por lo que el debate público se tornaría, necesariamente, menos democrático. Algo parecido sucede con las imágenes femeninas de las publicidades y de muchos shows masivos: un bombardeo de rubias voluptuosas y tontas da por resultado una devaluación de la voz femenina en su conjunto.
A esta compleja trama se suman las propias y profundas dificultades de las mujeres. A exponerse, por ejemplo. O a transcender las trabas que las atan a la zona de confort: el pequeño universo privado. Ocurre que ellas están culturalmente "armadas" para ser queridas y para buscar la aprobación de todos. Y, si algo implica destacarse, es justamente lo contrario. Existe el riesgo real de recibir cascotazos, y de ser blanco de agravios y envidias. Una energía potente, con la que los hombres están acostumbrados a liderar (aunque también la padecen), pero las mujeres no.
Una democracia completa debería contener muchas más voces femeninas, sin la exigencia de que deban ser excepcionales: somos más del 50 por ciento por ciento de la población. Y sin embargo, mientras la palabra política siga usando corbata -y eso se considere normal-, seguirá habiendo pocas Beatriz Sarlo.
COMPARACIONES ENTRE IPHONE, ANDROID Y BLACKBERRY

Preguntas importantes sobre teléfonos inteligentes

Además de funcionalidad, velocidad y nuevas herramientas, ¿qué modelo cultural encarnan los teléfonos disponibles en Argentina? ¿Cuál vale la pena comprar? Precio, calidad e ideas detrás.
Por Mariano Blejman
Tarde o temprano llegará el momento de comprar un teléfono inteligente o de cambiar el actual. En ese caso, la pregunta que el usuario se hará es ¿qué teléfono vale la pena comprar? Ya que definimos “teléfono inteligente” a todo aquel artefacto diseñado para comunicarse por red móvil que permita instalar aplicaciones de terceros, llega el momento de pensar en qué clase de comunidad tecnológica “soporta” a cada teléfono. Sin embargo, hay una pregunta aún más importante a la hora de comprar un teléfono inteligente: qué idea de teléfono quiere uno tener en su bolsillo para conectarse a redes sociales, bajar correo, navegar por Internet, usar YouTube y todos los demás etcéteras. Además de su funcionalidad, su velocidad, sus chiches –el motivo por el cual las personas compran teléfonos–, tal vez el lector quiera preguntarse por la mayor o menor libertad que ofrece el aparato. Así que para entender mejor el asunto dividiremos los teléfonos disponibles por su sistema operativo, antes que por la marca que lo produce y sus características técnicas (que más o menos se han ido emparejando). Los tipos de teléfonos inteligentes que hay en el mundo pueden dividirse entre iPhone de Apple, los Android de Google y los BlackBerry de Rim. Debido a la poquísima penetración de Windows 7 en el mercado local, con apoyo de Nokia, será dejado para otro momento.

iPhone, de Apple

El iPhone 4 de la empresa dirigida por Steve Jobs es probablemente el producto más exclusivo del mercado en Argentina. Como se sabe, el iPhone nació en 2007 en Estados Unidos y todas las versiones revolucionaron la forma en que las personas usan y usarán los teléfonos inteligentes para siempre. Y si bien se esperan cerca de 100 millones de usuarios de iPhone para este año en todo el mundo, lo cierto es que Sudamérica en general es un paraje relegado por la empresa de California. De hecho, Apple ni siquiera tiene intenciones de establecerse en Tierra del Fuego para disminuir los costos de sus productos, y el ingreso de los aparatos se hace sigilosamente. De cualquier manera, el iPhone 4 tiene disponibles para usar más de 350 mil aplicaciones, entre pagas y gratuitas, y ofrece la versión más estable de teléfonos inteligentes. Sin embargo, en teoría, para poder instalar una aplicación ésta tiene que estar aprobada por Apple. Así, la vida del iPhone depende del humor de Steve Jobs.
Apple ofrece un sistema verticalista e integrado de sus productos, que son cerrados y propietarios, y que conviven mejor entre ellos que con otro tipo de productos tecnológicos. Esto es, si el usuario es amante del mundo Apple, si se lleva bien con iTunes, tiene un iPod, quisiera comprarse un iPad, entonces el iPhone es para él. Cuando salió la versión 4 en Estados Unidos hubo grandes debates en la prensa especializada sobre la probabilidad de que el teléfono perdiera señal si era “tomado” de una determinada manera. El “antena-gate” fue solucionado por Apple acompañando el teléfono con un cobertor y despidiendo al ingeniero que había trabajado en la señal de la antena. El iPhone 4 representa la vanguardia tecnológica, da estabilidad y confort y ofrece un carísimo mundo inalterable, al menos para comprar en Argentina.

Android, de Google (y sus amigos)

El sistema Android para celulares inteligentes propone un modelo opuesto al de Apple: es un sistema operativo abierto, basado en Linux, lo cual permite que otras personas puedan crear e instalar aplicaciones sobre Android sin permiso de Google. En Argentina, el sistema de Google puede encontrarse en marcas como Motorola, Samsung, LG, Sony Ericsson y Huawei. Motorola fue pionero en Argentina: lanzó ya once productos con Android desde 2009 en este país, junto a la solución de Motoblur –aplicación que permite saber dónde está un teléfono si se pierde y recuperar y borrar la agenda de manera remota–. Los mejores teléfonos de Motorola en el mercado actualmente son el Motorola i1, el Milestone 2, Defy, Spice y Atrix, que es un teléfono que se “convierte” en computadora y puede correr la distribución Ubuntu, también basada en GNU/Linux.
A nivel mundial, Android ya es el principal teléfono inteligente, ya que –a diferencia de Apple– cuenta con el apoyo de decenas de empresas fabricantes. Allí radica también su principal problema: hay casi tantos Android como fabricantes que apostaron por él. Y muchas veces las mejoras y los cambios de versiones no llegan a todos los teléfonos. El Dext de Motorola, por ejemplo, tiene una versión Android 1.5, que en término de usabilidad es obsoleto. Por lo pronto, Android (de la versión 2.2 en adelante) es la mejor opción para el mercado argentino en relación con su precio: las ofertas son bastante más baratas que cualquier iPhone, su “mercado” tiene cerca de 200 mil aplicaciones (algunas públicas y otras privadas) y al menos Motorola está ensamblando los teléfonos en Tierra del Fuego. Así, Motorola se ahorra el arancel para electrónicos dispuestos por el gobierno argentino para estimular la llegada de empresas internacionales al sur del país. Más allá de algunos trucos de Google para manejar la base de aplicaciones, si el usuario es “amante” de los sistemas abiertos, usa (o le gustaría usar) GNU/Linux y se pone contento cuando alguien le dice la palabra “root”, entonces éste es su teléfono. Eso hasta que salga una versión en Argentina del MeeGo, auspiciado por la Fundación Linux, sistema que está en algunos Nokia. Por cierto, Nokia ya anunció que desarrollará teléfonos con Windows 7.

BlackBerry de RIM

Hay que decirlo: BlackBerry (de los canadienses de RIM) tuvo su momento de gloria cuando Barack Obama asumió la presidencia de Estados Unidos... y éste tuvo que dejar de usarlo por cuestiones de seguridad nacional, aunque luego pudo recuperar su uso. Lo mejor de los teléfonos BlackBerry es su red encriptada que “viaja” sobre una red insegura como es Internet, lo cual es ideal para gobiernos y usuarios corporativos que prefieren esconder información confidencial. Otra de sus grandes ventajas es que su sistema de administración es muy prolijo para grandes empresas que necesitan manejar buena cantidad de teléfonos con diferentes funcionalidades.
El mundo de BlackBerry es notablemente menor en volumen que el del iPhone y Android, con unas 30 mil aplicaciones y tres millones de descargas por día a nivel mundial. Sin embargo, las aplicaciones para BlackBerry son generalmente pagas, lo cual es bueno para desarrolladores y un poco menos bueno para los usuarios, aunque éstas suelen asegurar soporte y desarrollos especiales corporativos. Entre los modelos disponibles en Argentina están los BlackBerry Torch 9800, Bold, Curve 3G y Pearl 3G.
BlackBerry aumentó un 16 por ciento sus ganancias de un año a otro a nivel mundial. Sin embargo, su participación en el mercado de los teléfonos inteligentes ha disminuido notablemente en los últimos dos años. Otra de las grandes ventajas de BlackBerry es que se trata de la única oferta real del mercado argentino que permite a los usuarios tener tarifa plana estable gracias a que su información viaja de manera comprimida. Si el usuario busca soporte corporativo y no tener sorpresas a la hora de la facturación final cuando usa Internet, ésta es la mejor opción. Y vale recordar: si un teléfono no permite instalar aplicaciones de terceros, entonces –por más que se lo aseguren en atención al cliente– no es un teléfono inteligente.
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lunes, 27 de junio de 2011

Elecciones 2011

Nueva fórmula: los hegemónicos apuestan por las peleas internas

Publicado el 27 de Junio de 2011
Clarín reedita otro capítulo del supuesto enfrentamiento “kirchnerismo vs. peronismo”, en este caso por el armado de listas con varias candidaturas. Junto con La Nación y Perfil señala la “concentración de poder”.
La decisión de la presidenta Cristina Fernández de presentar a Amado Boudou como candidato a vicepresidente por el Frente para la Victoria generó que los medios hegemónicos enfatizaran una vez más la supuesta división “kirchnerismo vs. peronismo”, así como la concentración de poder. La apuesta monopólica mayor es el enfrentamiento interno del movimiento político y social expresado en la administración nacional.
En este sentido, la tapa de Clarín es un llamado al peronismo que forma parte y está alineado con los cuadros del gobierno para que se enfrente a la administración nacional por el reparto de candidaturas. Al no lograr apuntalar a la oposición, los medios hegemónicos intentan la “implosión” del frente kirchnerista interno. Clarín titula “Cristina eligió a Boudou y relegó al peronismo”. En un tercer o cuarto plano en importancia, figura uno de los aspectos que la presidenta destacó con mayor énfasis para justificar la elección de Boudou: la lealtad, en contraposición a la traición cobista. En la bajada, el diario señala esta característica: “la Presidenta destacó su lealtad y su capacidad para cambiar de posición. En las listas de legisladores fueron privilegiados ‘cristinistas puros’ y miembros de La Cámpora”. Al final de la bajada, el diario remarca que “fueron postergados gremialistas, gobernadores y legisladores del PJ”. En la página 3, su editor general enfatiza la hipótesis de la reelección “indefinida”, y esboza críticas a una eventual reforma constitucional: “La intención está clara: reelección indefinida del presidente, con la concesión de un primer ministro como fusible maestro del sistema. Para este nuevo intento, más allá de la victoria en octubre, el oficialismo necesitaría socios para el emprendimiento, como los radicales y los socialistas. ¿Los conseguirá?”
Los títulos de otras notas del diario son ejemplos de la búsqueda repetida del enfrentamiento entre el gobierno, sectores del PJ y el gremialismo aliado, en particular la CGT: “Postergados los gremialistas y los legisladores del PJ”, “Moyano se enojó y estuvo a punto de no ir a Olivos” –en otro ejemplo de armar una noticia a partir de algo que supuestamente estuvo “a punto” de pasar y no ocurrió. Y también: “Ganaron Boudou y La Cámpora; perdieron Moyano, Scioli y el PJ”.
Del mismo modo pero con menor énfasis, La Nación instala supuestos enfrentamientos por el reparto de candidaturas y hace foco en la lealtad remarcada por la mandataria: “La Presidenta eligió a Boudou como un premio a la ‘lealtad’” En la bajada, el diario remarca “tensión en la CGT”. También dedica una página a repasar el perfil de Boudou para dañarlo: “De liberal duro a kirchnerista puro”.
Perfil enfatiza la concentración del poder, por esto afirma: “Con Boudou de vice, la Presidenta concentra poder”. En la página 3, el periódico remarca que “Cristina hizo mención a la ‘lealtad’ pero no quiso hablar de Cobos.”
Página/12 decide destacar en tapa: “La fórmula. Cristina Kirchner presentó a Amado Boudou como su candidato a vicepresidente. Aseguró que él garantizaba que no se repitiera un caso como el de Cobos y destacó su papel en la estatización del sistema jubilatorio y en la pujas con las corporaciones.” <

domingo, 26 de junio de 2011

mas que un multimedio viviente un ropero cuadrado de ideas derechistas

Entrelíneas Por Pablo Sirven

Lanata, un multimedio viviente

La TV local no para de invitarlo, pero los canales abiertos no lo quieren como conductor y le va muy bien en una señal internacional

Domingo 26 de junio de 2011 | Publicado en edición impresa
Lanata, un multimedio viviente
Lanata, durante la entrevista que le hizo a Martin Amis en Londres. Foto Archivo
Cuando usted lea esta nota, Jorge Lanata estará en pleno vuelo rumbo a Venezuela. O tal vez ya esté alojado en algún hotel disfrutando de sus últimas horas de tranquilidad en Caracas antes de que mañana sea el único orador invitado por sus colegas a disertar por el Día del Periodista en ese país. Promete hacer ruido como para que Hugo Chávez lo oiga, incluso, desde La Habana donde, en su larga internación, se repone de una operación, acompañado por sus buenos amigos, los hermanos Castro.
Como un ministro sin cartera o un obispo sin iglesia, Lanata anda de aquí para allá enfrentando cámaras y micrófonos sin tener programa propio. Se diría que es un multimedio humano que se porta a sí mismo. Como el caracol, que lleva su casa encima a todas partes, Lanata escribe una afilada columna de lunes a viernes en el diario popular Libre; publica semana por medio alguna investigación propia en el periódico Perfil, habla por la cadena Ser cada siete días y salta de una pantalla a la otra a medida que se multiplican los llamados de productores entusiasmados por la buena performance que suelen tener sus apariciones y, ni qué hablar, la avidez que producen sus cargadas declaraciones en los sitios de Internet. Está preocupado por la relación del Gobierno con el periodismo y ha tomado como una cruzada personal salir a rebatir esa ofensiva en todos los espacios que le sea posible, a pesar de que ya hace rato cayó en desgracia para el "progresismo K".
Descalzo, en camisa con tiradores, visitado de tanto en tanto por los cuatro gatos que conviven con él, Lanata se pasa horas y horas en su revuelto escritorio del distinguido caserón en el que vive, a metros del Palacio San Martín, pergeñando artículos, contestando mails y armando nuevos proyectos, siempre con un pucho encendido cerca, que vuelve más inflamable su cóctel de apnea, diabetes y sobrepeso.
Hay dos preguntas clave que al fundador de Página/12, Veintitrés y Críticano le incomodan ni gambetea. La primera es si lo llamaron para trabajar en algunos de los tantos medios del Grupo Clarín. La respuesta inmediata es no. La segunda es, si de suceder eso, aceptaría. La respuesta es apenas más larga y en medio de una carcajada con humo: "¡Sí!, ¿por qué no?, ¿acaso fue declarado ilegal?"
* * *
De tan desafiante y políticamente incorrecto, de tanto poner el dedo en el enchufe, Lanata terminó siendo la gran paradoja de la TV argentina, quizá su más extraña sinfonía inconclusa. Aunque sus recordados programas Día D , Detrás de las noticias , La Luna y ¿Por qué? (éste producido por Luis Majul, con el que se odia y se ama intermitentemente) tenían buen rating, una estimable cartera de anunciantes y una generosa cosecha de 11 Martín Fierro, hace rato que la TV por aire lo abandonó y no le hace la más mísera propuesta.
Probablemente atemorizaron sus peleas a viva voz en su momento con Eduardo Eurnekian o el escándalo que se armó cuando Telefónica vetó su publicitado y frustrado paso a Telefé o, peor, cuando Carlos Avila lo mandó a parlamentar con el mismísimo presidente Néstor Kirchner para chequear si había algún problema con que él siguiera en el aire. En la Casa Rosada le dijeron que estaba todo bien, pero al día siguiente, de todos modos y sin mediar explicación, su programa desapareció de la pantalla de América. Alberto Fernández, entonces jefe de Gabinete, lo invitó a trabajar en Canal 7 y Lanata le repitió lo que suele decir en estos casos: "Nunca trabajaré para el Estado? ¿para qué? Si yo puedo generar la plata".
Fue tal el síndrome de abstinencia que le provocó la ausencia de la TV que, rápido de reflejos, se adelantó Lino Patalano y le ofreció en 2008 un llamativo premio consuelo: ser figura de un teatro de revistas. ¡Y aceptó!
Cuando Lanata, cansado de esperar que lo convocasen de alguna emisora de aire, terminó refugiándose dos temporadas en el Canal 26 del cable. Allí hizo Después de t odo ( DDT ), que le dio al dueño de la señal, Alberto Pierri, tan buen encendido como algunos tironcitos de oreja que se bancó como un caballero.
Si uno de los mayores cráneos instintivos de la TV argentina, Alejandro Romay, lo convocó, allá lejos y hace tiempo, durante varios meses para tomarle pruebas de cámara, haciendo el propio zar de personal trainer de lujo, aunque entonces todo quedó en la nada, es que Lanata y la TV estaban predestinados el uno para el otro. Pero no: fue una pasión desbordada y, como tal, fugaz que terminó en un amor no correspondido.
Ahora la tele hace un razonamiento más cínico: resulta mucho más cómodo (y seguro) tener a Lanata (gratis) de invitado para hablar sobre temas puntuales que darle un programa donde, tarde o temprano, terminaría diciendo alguna inconveniencia y embistiendo contra los intereses de sus ocasionales patrones.
* * *
Podría terminar acá esta historia del talentoso inconstante e indomable que todos desearían tener en su grilla si fuese tan sólo un poco más dócil. Pero no: la historia sigue porque la vida siempre da buenas sorpresas en el momento menos pensado y por el lado más inesperado.
Fue el momento en el que la televisión internacional llamó a la puerta del desahuciado divo en ciernes de la TV argentina. ¿Para qué? Para trabajar en miniseries documentales, viajar por distintos países y entrevistar a figuras de primera línea internacional, con calidad de producción primermundista. Así hizo BRIC (sobre el vigoroso ascenso económico de países como Brasil, Rusia, India y China) para Infinito (señal de la Turner Broadcasting System) y por eso fue aplaudido en Nueva York cuando lo distinguieron con el premio de la Asociación de Cronistas del Espectáculo (ACE).
Y si su previsible desacato verbal no llega a mayores como para que la democracia chavista de Venezuela no lo ponga entre rejas, de Caracas volará a Madrid para entrevistar a Mario Vargas Llosa, después seguirá a Londres para ver al creador de Wikipedia y así hasta entrevistar a "26", tal el título de la nueva miniserie en la que ya está trabajando rodeado de diez personas (su equipo de producción) con los que surca los cielos de ambos hemisferios, y que además de ganar las pantallas del mercado hispano, se convertirá en libro de la editorial Sudamericana el año próximo. Es una televisión-boutique más prestigiosa, mejor paga (gana lo mismo que cuando trabajaba todos los días en el cable) y con mayor presupuesto (dos millones de dólares). No tiene miedo que lo comparen por contextura y actitudes con Michael Moore, al que considera muy yanqui.
Esta manera más descansada y agradecida de hacer TV -"Siempre será mejor entrevistar a Martin Amis que a Aníbal Fernández", se autoconvence- lo está seduciendo, pero como quien se entretiene con una amante ocasional mientras espera que alguna vez se dé el ansiado reencuentro con su gran amor: la embarrada y más tosca TV argentina, a la que añora, a veces, aunque cada vez menos, con volver de manera diaria, en vivo y como conductor omnipotente. A Lanata le gusta el vínculo cotidiano con la gente y, de alguna manera, el muy lúdico tabloide Libre le cubre por ahora satisfactoriamente esa necesidad.
Otra pregunta clave para terminar: ¿dirigiría un nuevo diario? La respuesta sólo tiene dos letras: no. ¿Y volver al programa de TV diario de batalla?: "Podría? pero no lo estoy buscando".
Romay fue su personal trainer en una prueba de camaras. con la tele tiene un amor no correspondido
Entrelíneas Por Pablo Sirven

Lanata, un multimedio viviente

La TV local no para de invitarlo, pero los canales abiertos no lo quieren como conductor y le va muy bien en una señal internacional

Domingo 26 de junio de 2011 | Publicado en edición impresa
Lanata, un multimedio viviente
Lanata, durante la entrevista que le hizo a Martin Amis en Londres. Foto Archivo
Cuando usted lea esta nota, Jorge Lanata estará en pleno vuelo rumbo a Venezuela. O tal vez ya esté alojado en algún hotel disfrutando de sus últimas horas de tranquilidad en Caracas antes de que mañana sea el único orador invitado por sus colegas a disertar por el Día del Periodista en ese país. Promete hacer ruido como para que Hugo Chávez lo oiga, incluso, desde La Habana donde, en su larga internación, se repone de una operación, acompañado por sus buenos amigos, los hermanos Castro.
Como un ministro sin cartera o un obispo sin iglesia, Lanata anda de aquí para allá enfrentando cámaras y micrófonos sin tener programa propio. Se diría que es un multimedio humano que se porta a sí mismo. Como el caracol, que lleva su casa encima a todas partes, Lanata escribe una afilada columna de lunes a viernes en el diario popular Libre; publica semana por medio alguna investigación propia en el periódico Perfil, habla por la cadena Ser cada siete días y salta de una pantalla a la otra a medida que se multiplican los llamados de productores entusiasmados por la buena performance que suelen tener sus apariciones y, ni qué hablar, la avidez que producen sus cargadas declaraciones en los sitios de Internet. Está preocupado por la relación del Gobierno con el periodismo y ha tomado como una cruzada personal salir a rebatir esa ofensiva en todos los espacios que le sea posible, a pesar de que ya hace rato cayó en desgracia para el "progresismo K".
Descalzo, en camisa con tiradores, visitado de tanto en tanto por los cuatro gatos que conviven con él, Lanata se pasa horas y horas en su revuelto escritorio del distinguido caserón en el que vive, a metros del Palacio San Martín, pergeñando artículos, contestando mails y armando nuevos proyectos, siempre con un pucho encendido cerca, que vuelve más inflamable su cóctel de apnea, diabetes y sobrepeso.
Hay dos preguntas clave que al fundador de Página/12, Veintitrés y Críticano le incomodan ni gambetea. La primera es si lo llamaron para trabajar en algunos de los tantos medios del Grupo Clarín. La respuesta inmediata es no. La segunda es, si de suceder eso, aceptaría. La respuesta es apenas más larga y en medio de una carcajada con humo: "¡Sí!, ¿por qué no?, ¿acaso fue declarado ilegal?"
* * *
De tan desafiante y políticamente incorrecto, de tanto poner el dedo en el enchufe, Lanata terminó siendo la gran paradoja de la TV argentina, quizá su más extraña sinfonía inconclusa. Aunque sus recordados programas Día D , Detrás de las noticias , La Luna y ¿Por qué? (éste producido por Luis Majul, con el que se odia y se ama intermitentemente) tenían buen rating, una estimable cartera de anunciantes y una generosa cosecha de 11 Martín Fierro, hace rato que la TV por aire lo abandonó y no le hace la más mísera propuesta.
Probablemente atemorizaron sus peleas a viva voz en su momento con Eduardo Eurnekian o el escándalo que se armó cuando Telefónica vetó su publicitado y frustrado paso a Telefé o, peor, cuando Carlos Avila lo mandó a parlamentar con el mismísimo presidente Néstor Kirchner para chequear si había algún problema con que él siguiera en el aire. En la Casa Rosada le dijeron que estaba todo bien, pero al día siguiente, de todos modos y sin mediar explicación, su programa desapareció de la pantalla de América. Alberto Fernández, entonces jefe de Gabinete, lo invitó a trabajar en Canal 7 y Lanata le repitió lo que suele decir en estos casos: "Nunca trabajaré para el Estado? ¿para qué? Si yo puedo generar la plata".
Fue tal el síndrome de abstinencia que le provocó la ausencia de la TV que, rápido de reflejos, se adelantó Lino Patalano y le ofreció en 2008 un llamativo premio consuelo: ser figura de un teatro de revistas. ¡Y aceptó!
Cuando Lanata, cansado de esperar que lo convocasen de alguna emisora de aire, terminó refugiándose dos temporadas en el Canal 26 del cable. Allí hizo Después de t odo ( DDT ), que le dio al dueño de la señal, Alberto Pierri, tan buen encendido como algunos tironcitos de oreja que se bancó como un caballero.
Si uno de los mayores cráneos instintivos de la TV argentina, Alejandro Romay, lo convocó, allá lejos y hace tiempo, durante varios meses para tomarle pruebas de cámara, haciendo el propio zar de personal trainer de lujo, aunque entonces todo quedó en la nada, es que Lanata y la TV estaban predestinados el uno para el otro. Pero no: fue una pasión desbordada y, como tal, fugaz que terminó en un amor no correspondido.
Ahora la tele hace un razonamiento más cínico: resulta mucho más cómodo (y seguro) tener a Lanata (gratis) de invitado para hablar sobre temas puntuales que darle un programa donde, tarde o temprano, terminaría diciendo alguna inconveniencia y embistiendo contra los intereses de sus ocasionales patrones.
* * *
Podría terminar acá esta historia del talentoso inconstante e indomable que todos desearían tener en su grilla si fuese tan sólo un poco más dócil. Pero no: la historia sigue porque la vida siempre da buenas sorpresas en el momento menos pensado y por el lado más inesperado.
Fue el momento en el que la televisión internacional llamó a la puerta del desahuciado divo en ciernes de la TV argentina. ¿Para qué? Para trabajar en miniseries documentales, viajar por distintos países y entrevistar a figuras de primera línea internacional, con calidad de producción primermundista. Así hizo BRIC (sobre el vigoroso ascenso económico de países como Brasil, Rusia, India y China) para Infinito (señal de la Turner Broadcasting System) y por eso fue aplaudido en Nueva York cuando lo distinguieron con el premio de la Asociación de Cronistas del Espectáculo (ACE).
Y si su previsible desacato verbal no llega a mayores como para que la democracia chavista de Venezuela no lo ponga entre rejas, de Caracas volará a Madrid para entrevistar a Mario Vargas Llosa, después seguirá a Londres para ver al creador de Wikipedia y así hasta entrevistar a "26", tal el título de la nueva miniserie en la que ya está trabajando rodeado de diez personas (su equipo de producción) con los que surca los cielos de ambos hemisferios, y que además de ganar las pantallas del mercado hispano, se convertirá en libro de la editorial Sudamericana el año próximo. Es una televisión-boutique más prestigiosa, mejor paga (gana lo mismo que cuando trabajaba todos los días en el cable) y con mayor presupuesto (dos millones de dólares). No tiene miedo que lo comparen por contextura y actitudes con Michael Moore, al que considera muy yanqui.
Esta manera más descansada y agradecida de hacer TV -"Siempre será mejor entrevistar a Martin Amis que a Aníbal Fernández", se autoconvence- lo está seduciendo, pero como quien se entretiene con una amante ocasional mientras espera que alguna vez se dé el ansiado reencuentro con su gran amor: la embarrada y más tosca TV argentina, a la que añora, a veces, aunque cada vez menos, con volver de manera diaria, en vivo y como conductor omnipotente. A Lanata le gusta el vínculo cotidiano con la gente y, de alguna manera, el muy lúdico tabloide Libre le cubre por ahora satisfactoriamente esa necesidad.
Otra pregunta clave para terminar: ¿dirigiría un nuevo diario? La respuesta sólo tiene dos letras: no. ¿Y volver al programa de TV diario de batalla?: "Podría? pero no lo estoy buscando".
Romay fue su personal trainer en una prueba de camaras. con la tele tiene un amor no correspondido